México D.F. a 25 de abril del 2012
Querida persona desconocida, querido amor que nunca existió, escribo estas letras para expresar mi agradecimiento sobre las cosas hermosas que me hiciste sentir. Ayer por la tarde, mientras caminaba de regreso a casa, choqué con mis sentimientos y ganas de llorar, pero ¿llorar porqué? me pareció una tontería, pues aunque sé que no eres imaginario, tampoco eres real. Eres tal vez una ilusión creada por mi mente, creada por mis ganas de amar a alguien intensamente, eres solo eso, eso y nada más.
Me pareció perfecta tu manera de mirar, me pareció perfecta tu manera de hablar, tu manera de caminar, tus manos al acariciar las cuerdas de esa guitarra, me pareció perfecta tu sonrisa, sonrisa que hoy odio de una manera tan particular, sonrisa que me hizo perder la razón lentamente. Simplemente me pareciste perfecto tú.
Sí, es raro, ya sé que nada es perfecto, es por eso que hoy me doy cuenta que era demasiado bueno para ser verdad. Simplemente te veía con ojos de amor.
Ya sé que no es mi culpa, y aún así siento que cargo con una cruz tan pesada, con un dolor que me come por dentro, que provoca insomnio, que me quita las ganas de comer, de ser, de estar, que me quita las ganas de ti. No es mi culpa haberme enamorado tan profundamente, todos cometemos errores, y hoy sé que eres el mejor error que pude haber cometido. En fin, esta carta no es para reprocharte, ni mucho menos para hacerte saber todos los males que hoy guarda mi hipotálamo gracias a ti, sino más bien, es para agradecerte (como había dicho al principio) todas esas cosas hermosas que me hiciste sentir, simplemente GRACIAS. Gracias por recordarme que sigo siendo humano, con mis errores y mis "cosas", pero sobre todo, gracias por recordarme que aún tengo sentimientos y que el amor es uno de ellos; gracias también por recordarme que en esta vida se tiene que sufrir, por una u otra cosa, y aún habiendo tantos motivos, me tocó sufrir por ti.
Contigo aprendí infinidad de cosas, le dí sentido a mi madrugadas, a mis días, a las nubes en el cielo, a mi reflejo en esos ojos cafés; volví a creer en los deseos, convertí al viento mi enemigo cuando de "vestidos" hablamos, aprendí a ser, estar, pensar, a llegar al cielo con un beso. Simplemente aprendí.
P.D. Te quise como a pocos y al mismo tiempo te odié como a muchos, mas hoy me marcho solo para que seas feliz, solo porque te quiero, porque te adoro, porque hoy lo eres todo para mi.

Genial...
ReplyDelete